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Del Opus Dei al Congreso: La lucha de Valentina Verbal

Por casi cuarenta años llevó una vida “normal”, o al menos trató de hacerlo. Optó por guardar las apariencias, pero se aburrió y decidió dejar su vida como hombre atrás. Venció los prejuicios, comenzó un tratamiento hormonal y en diciembre pasado se intervino para cambiar su sexo y dar la lucha para ser reconocida legalmente como Valentina Verbal.

 Foto: Sergio Piña / Terra Foto: Sergio Piña / Terra
 

El camino no fue fácil para esta historiadora hija de marino, de familia de clase media alta, otrora Opus Dei  y militante de Renovación Nacional. “He logrado metas inéditas”, dice orgullosa. Pero pretende ir por más y conquistar un escaño en la Cámara de Diputados representando a Recoleta e Independencia. Claro que para eso, primero debe imponerse en la primaria del 30 de junio, a la que el Servel no la deja ir en la papeleta como “Valentina”.

Y como era de esperar, esta incursión en política no ha estado exenta de dificultades. A la falta de financiamiento para levantar su campaña, se suma la discriminación de algunos sectores que supuestamente promueven la diversidad sexual y los derechos de los transexuales. “Me dicen que soy utilizada para cambiar la imagen de un partido conservador”, lamenta Valentina.

Hasta el año 2008 vivías como hombre ¿Qué gatilló el cambio?

Se descubre a muy temprana edad que te sientes del otro sexo. Me sentía en el lugar equivocado, pero no lo enfrenté por una cuestión cultural, era una sociedad muy conservadora. Los gay ni siquiera salían del closet en los ’80, imagínate para una persona transexual. Todavía es muy difícil y luché toda mi vida por ser una persona normal, cumplir el rol de acuerdo a mi sexo biológico, hasta que en un momento dije ‘estoy cumpliendo 40 años y prácticamente la mitad de mi vida he sido infeliz’…era una persona falsa e hipócrita porque estaba cumpliendo un rol falso. Pensé muchas veces en suicidarme.

¿Tuviste el apoyo de tu familia?

Lo enfrenté sola. Lo que ayudó mucho fue internet, encontré unos foros españoles, donde contaban experiencias y empecé a ver que había gente como yo. En 2003 ya estaba pensando en enfrentar este tema, pero no me atrevía. Mi familia es de clase media alta, un ambiente muy conservador, no en lo religioso, sino que en lo social. Tenía mucho miedo. Cuando me vine a vivir a Santiago a estudiar Licenciatura en Historia, el último año enfrenté el tema y conversé con mis papas. Fue duro, pero lo asumieron súper bien.

Por muchos años participaste del Opus Dei. ¿Cómo fue esa experiencia sabiendo todo tu problema de identidad?

Yo era una persona conservadora en lo social y también traté de buscar una salida, siempre fui alguien muy creyente. De alguna manera la espiritualidad ayudaba a reprimir mi identidad, lo que yo era. En esa lucha por tratar de ser una persona normal, la religión te ayuda. Al final es una bomba de tiempo. No es que haya buscado eso por reprimirme, sino que fue algo de buscar a Dios, me creí el cuento de la santidad. El Opus Dei me gustó, hay muchos prejuicios y está muy caricaturizado el concepto. Me salí en 2004 cuando empecé a pensar en este tema. Me fui por razones personales porque tenía muchas depresiones.

¿En qué momento comenzaste el tratamiento?

En 2008 comencé con tratamiento siquiátrico, hablé con mis papás y el 2009 empecé el tratamiento hormonal.

¿A contar de ese momento comenzaste a ser Valentina?

Me juntaba con ciertas personas que sabían y tenía ciertos horarios, una vez a la semana me vestía como mujer para ser Valentina. Uno va gradualmente asumiendo el rol de género. Después en 2009 asumí full time. Me fui a vivir a Concepción y a mis papás les costó mucho decirme Valentina. Me veía mal, porque las hormonas todavía no me hacían efecto, así que te ves como una mujer tosca.

¿Cómo has enfrentado el tema de las relaciones de pareja?

Nunca he tenido una pareja como Valentina, solo he tenido encuentros furtivos (risas).

¿Te gustaría casarte algún día?

Sí me gustaría, pero hay que tener al candidato primero.

¿Se te ha cruzado por la cabeza la idea de adoptar?

Sí lo he pensado, pero hay que tener una buena situación económica… si saliera diputada sí.

“ROMPO EL MITO DE QUE LA DERECHA ES CONSERVADORA”

La vocación política de Valentina se arrastra desde el colegio, al punto en que fue militante por 20 años de Renovación Nacional y llegó a convertirse en presidente distrital de Concepción. Sin embargo, una vez que se transformó en Valentina optó por abandonar la tienda. “Me daba vergüenza, pese a que nunca me discriminaron”, confiesa. De regreso en Santiago comenzó a meterse en activismo y participó en la discusión de la ley antidiscriminación. Fue parte de la Fundación Iguales y se reencontró con políticos con los que trabajó, como Lily Pérez y Francisco Chahuán. Se convenció de que podía ir más allá y a sus 42 años consiguió el respaldo de RN para ir a la primaria –junto a otros dos precandidatos a diputado- por Independencia y Recoleta.

¿No te genera ruido tener el apoyo de un partido dirigido por alguien tan conservador como Carlos Larraín?

Fue mi partido por años e igual hay un sector liberal. La mayoría en RN no son conservadores, el 90% son liberales en temas valóricos, sobre todo en temas de identidad sexual. Lo que pasa es que RN está muy estigmatizada por Carlos Larraín. Él sabe que yo fui del Opus Dei y yo creo que me tiene cariño por eso, porque yo pertenecí a su familia espiritual. El es un gran político, eso no se puede negar.

¿Por qué optaste por Recoleta e Independencia si tu vienes del Bío Bío?

Cuando decidí ser candidata pregunté en qué distrito podía ser, porque no es llegar y decir ‘voy por este distrito’. En el tema parlamentario no es imprescindible ser de la localidad, porque las leyes son nacionales. Yo pedí un distrito urbano de Santiago, porque como no tengo plata, puedo aparecer en prensa. Para la primaria no tengo nada de financiamiento.

¿La gente te mira raro en tus recorridos o hay buena recepción?

Hay de todo. En general no me miran tan raro y cuando aparezco en algunos programas de TV la gente me ve y conoce mi historia, entonces en terreno vas al grano y le cuentas por qué quiero ser diputada. Pero hay gente que mira raro. La gente a nivel social no es homofóbica ni conservadora. Hay mucha aceptación de la diversidad. Después del caso Zamudio como que Chile despertó de una siesta y cambió mucho la gente.

Más allá de rumores, nunca se ha sabido de un parlamentario homosexual. ¿Crees que hay discriminación en la política?

Yo sería la primera parlamentaria de la diversidad sexual. Pero esos políticos que todavía no se atreven (a salir del closet) quizás es porque vienen con una historia previa con una identidad muy heterosexual y no se han atrevido.

¿Y el electorado está dispuesto a votar por alguien homosexual o transexual?

Yo creo que sí. Hay un divorcio entre la apertura de la sociedad civil y del electorado con los políticos.

“MI NOMBRE LEGAL ES ALGO QUE DEJÉ ATRÁS”

Hoy día, Valentina está dedicada 100% a su campaña. Su familia le ayuda a financiar sus gastos personales y voluntarios colaboran para darla a conocer en el distrito, pero sin un peso para hacer campaña. “Hay empresarios que me encuentran muy interesante, porque simbolizo a una derecha liberal y rompo el mito de que la derecha es conservadora. Les gusta mucho que le quite terreno a la izquierda, pero ellos me dicen que primero gane la primaria para entregarme financiamiento”, relata.

Sin embargo, hay un problema legal que Valentina debe sortear para que aparezca como tal en la papeleta de las primarias, ya que el Servel no aceptó que ocupe su “nombre social”, sino que debe ser el mismo que aparece en su carnet. Tras su operación de cambio de sexo, inició los trámites legales para cambiar su identidad y género, pero la justicia aún no emite el fallo, por lo que su candidatura hoy se torna inviable. Por lo pronto, se abre una posibilidad para que siga en carrera, ya que el Tribunal Calificador de Elecciones acogió su reclamación y analizará el caso.

¿Por qué no te gusta decir tu nombre legal con el que apareces en la cédula de identidad?

Es algo que dejé atrás. Es volver a ser hombre. Tú conquistas tu identidad y todo lo que a mí me costó… para qué estar volviendo atrás. Yo no quiero borrar mi pasado, a partir de mi pasado conquisté mi identidad, pero no tengo por qué andar diciendo mi nombre pasado.

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